Durante décadas, los carteros del Correo Paraguayo han sido mucho más que mensajeros: son testigos silenciosos de historias urbanas, rurales y familiares que marcan vidas. Paraguay TV recopiló vivencias y anécdotas de estos trabajadores, quienes coinciden en que «cada zona es distinta y cada día trae algo nuevo».
El 1 de marzo se celebra en Paraguay el Día del Cartero, un oficio noble que conmemora la habilitación del telégrafo eléctrico entre Villeta y Asunción en 1864, durante el gobierno del general Francisco Solano López. Requiere no solo resistencia física, sino también dotes de «relaciones públicas» en barrios y caminos.
Los relatos más divertidos involucran a mascotas. En zonas urbanas, perros territoriales obligan a estrategias creativas: «Algunos cargamos galletas para ganarnos su confianza», cuenta un cartero con años de ruta. En el campo, caballos curiosos inspeccionan sobres, y aves intentan picotear paquetes.
Cartas que cambian vidas
Las historias emotivas giran en torno a correspondencia personal. Carteros recuerdan entregas de becas soñadas, ofertas laborales o mensajes de familiares lejanos. Uno destaca: «Durante años llevé cartas entre dos jóvenes enamorados a distancia. Me invitaron a su boda. Sentí que fui parte de su historia».
Aunque la era digital redujo las cartas, el boom de compras en línea llenó las rutas de cajas grandes y entregas urgentes. «La esencia sigue igual: recorrer calles, conocer gente y llevar noticias», afirman los trabajadores. Así, la profesión combina rutina con sorpresas impredecibles.