Hoy, los productores del asentamiento Ka’aguy Rory, en el departamento de Caazapá, ya no tienen necesidad de alquilar maquinarias y asumir altos costos de producción. El Ministerio de Agricultura y Ganadería les entregó herramientas y maquinarias para mejorar la calidad de la cosecha, y convirtió al maíz en una esperanza viable de progreso, luego de años difíciles marcados por incendios y pérdidas productivas. Todo esto, con organización, confianza y proyección.
En el asentamiento Ka’aguy Rory, del distrito 3 de Mayo, 135 familias viven de la agricultura familiar campesina. Allí, el maíz no es solo un cultivo: es sustento, es esperanza y es el resultado de meses de un trabajo que rinde frutos. “Ahora tenemos ingresos propios”, dice orgulloso Marcos Benítez, presidente del Comité Ka’aguy Rory, haciendo alusión a la inversión recibida. Su objetivo hoy es enseñar a los productores a “respetar las exigencias del mercado y entregar un producto de calidad”.
A pesar de haber plantado una diversidad de hortalizas como cebolla, poroto y mandioca, decidieron apostar con mayor fuerza al maíz, convencidos de que el trabajo organizado, impulsado por el Gobierno tiene la capacidad de abrir nuevas oportunidades.
El año pasado la comunidad produjo alrededor de 120.000 kilos de maíz. Sin embargo, las dificultades de comercialización impidieron colocar todo el volumen, obligando a almacenar parte de la producción. Este año, la expectativa supera nuevamente los 100.000 kilos, dependiendo de las condiciones del mercado.

En este contexto, el apoyo del Proyecto de Inserción a los Mercados Agrarios (PIMA), impulsado por el Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG), marcó un antes y un después para la organización. En 2024, el comité recibió equipamientos que hoy optimizan todo el proceso: trilladora para desgranar, zaranda para limpieza y clasificación, medidor de humedad para garantizar calidad, pequeños silos de acopio y motocarros para el traslado del producto.
El proceso actual incluye el desgrane, la limpieza, la medición de humedad, el secado al sol y el almacenamiento en silos o en bolsas, hasta la comercialización. Pero la producción no solo proviene de los asociados: La comunidad también confía en el comité para comercializar su maíz cuando existen mercados abiertos. Esa organización permitió concretar acuerdos con empresas compradoras, como Granopar.
Paralelamente a la producción de maíz, el Comité Ka’aguy Rory hoy avanza en la diversificación de la agricultura, con cebolla y papa. Al mismo tiempo, trabaja con el sueño de industrializar y agregar valor a la producción de maíz -mediante la elaboración de locro, por ejemplo- buscando mayor rentabilidad para las familias campesinas.
Lo que sostiene al Comité Ka’aguy Rory es el compromiso de 524 personas que trabajan la tierra con la convicción de que cada cosecha es mucho más que un resultado económico: es el alimento que llega a las mesas paraguayas.
