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Músico, compositor, poeta e ícono de la cultura popular paraguaya, Quemil Yambay, fue una leyenda viviente. Fue Premio Nacional de Música, declarado “Patrimonio Vivo de la Cultura Paraguaya”, y “Tesoro Humano Vivo” por la UNESCO, entre otros. También lo llamaban “El comandante del folclore”. Sobre todo, fue un hombre fundamental en la identidad y las tradiciones del Paraguay, que hoy llora su partida

Falleció a los 87 años, hoy 14 de enero de 2026, por diversas complicaciones de salud, luego de más de 50 años de llevar a todo el país sus composiciones humorísticas y nostálgicas, en guaraní y español. No por nada hoy muchos lo recuerdan con tristeza, pero también con una sonrisa en los labios.

El autor, compositor e intérprete de la guitarra, fue hijo de Jalil Yambay, un sirio libanés que llegó al Paraguay en aras de forjarse un mejor porvenir. Nació el 10 de marzo de 1938 en Tupao’ra, una zona rural que hoy pertenece al distrito de Santa Elena, en el departamento de la Cordillera.

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De niño pasó gran parte de su infancia en el pueblo Alfonso Tranquera, lugar que inspiró el nombre de su primer grupo musical, Los Alfonsinos.

Yambay saltó a la fama al interpretar la canción de autor anónimo “Alfonso Loma”, emblemática canción folclórica que lo acompañaría a lo largo de toda su carrera. La canción -interpretada en guaraní- narra la historia de un ave -kerotero- y su familia en los esteros, con letras melancólicas sobre la vida, el amor y la naturaleza, algo muy afin a la personalidad del artista.

Quemil Yambay, ícono del folklore paraguayo, fue famoso por temas jocosos y románticos como «La Ajupiro de Presidente», «Villarrica Che Ciudad», «Pueblo de Recuerdos» y «Mokoi Guyra’i».

Inicios aventureros

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En su afán de contribuir con la modesta economía familiar, Quemil, a los 16 años, luego de mucho insistir convenció a sus padres, viajó a distintos puntos del país con su guitarra a cuestas. Lo acompañaron Francisco, el arpista, y Marcos, hijos de Eulalio Iglesias, compositor, autor de la famosa canción Vapor Cué. Así, Yambay se lanzó a la aventura de conquistar los escenarios del país.

Al principio, Yambay formó un dúo con el músico Pablo Barrios, pero luego se unió el arpista Ireneo Rotela Martínez, oriundo de Mbokajaty del Yhaguy, para formar así el grupo Los Alfonsinos. Este llegó a ser uno de los grupos de mayor trascendencia en la historia de la música paraguaya, popularizando el Purahei Jahé. Posteriormente se unirían al grupo Gregorio Martínez, Cirilo Ortega, Francisco Iglesias y Alfonso González.

Con sus compañeros músicos se trasladó a Itakyry, un alejado lugar del Alto Paraná, donde residía una tía suya y cuyos habitantes se dedicaban al obraje y la agricultura y a quienes acompañó por un tiempo con su música. Así, Yambay comenzó a hacerse muy popular, con las interpretaciones de Ko’ãpe che avy’ave, y Pyhare Amangýpe, de Emiliano R. Fernández, y especialmente por sus grandes habilidades para imitar aves, fieras y a la naturaleza, e integrar este arte a su música.

En los años ´80, Quemil Yambay perdió la vista, pero eso no le impidió seguir recorriendo el país, con hasta 200 presentaciones por año. A lo largo de su carrera, grabó cerca de 30 discos y compilaciones como “20 Grandes Exitos”, de Los Alfonsinos y otros álbumes populares como “La Ajupiro de Presidente”, “50 años de trayectoria” y “Che Chika Iporaiteve”.